Archivo -febrero 2011

Puerta de Alcalá

Ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo… la Puerta de Alcalá. Uno de los grandes símbolos de Madrid. No creo que haya nadie que no sepa identificar este monumento de la capital de España. La célebre Puerta de Alcalá, construida en 1778 por Sabatini, con la intención de conmemorar la entrada de Carlos III en la ciudad.

Porque, como su nombre indica, y aunque hoy la veamos tan céntrica, la Puerta de Alcalá era una de las puertas de entrada al viejo Madrid, en esta ocasión por su zona este. Antes de ella había otra puerta, un poco más deteriorada, hecha de ladrillo, lo que motivó que Carlos III le pidiera a Sabatini la construcción de una nueva. Tenía el rey ganas de entrar en condiciones en su casa, ¿no?. Lo de Alcalá fue por estar colocada en dirección hacia Alcalá de Henares.

Huelga decir que la Puerta de Alcalá se compone de cinco arcos, tres de ellos de medio punto, y los dos de los extremos más pequeños y en forma de puerta. La decoración es típicamente clásica y romana, por algo sigue los cánones de los arcos de triunfo, con placas conmemorativas, guirnaldas, escudos, banderas… Quizás nos interesen más otros detalles…

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Real Jardín Botánico

No soy de los que se pirran precisamente por los jardines botánicos, la verdad. Prefiero otros museos, algo más de arte, otro tipo de diversión. Pero he de reconocer que el Real Jardín Botánico de Madrid sí me llamó poderosamente la atención. Situados frente a la fachada sur del Museo del Prado, es uno de esos lugares que os recomiendo visitar en Madrid.

Cuenta con una extensa y variada colección de más de treinta mil tipos diferentes de flores y plantas, además de unas 1.500 especies diferentes de árboles. Lo creó Carlos III en 1774, aunque no se inauguró hasta 1781, posiblemente una de las mejores cosas que hizo en su reinado…

De todas maneras, ya en 1755 existía un jardín botánico anterior, situado a orillas del río Manzanares. Fue aquel jardín botánico el que Carlos III mandó trasladar a la ubicación del actual. Realmente es uno de los mejores jardines botánicos que he podido visitar, con plantas exóticas y árboles centenarios.

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El Jardín de El Capricho

Una capricho o una joya, como ustedes quieran llamarlo. Lo cierto es que el Jardín del Capricho es precisamente una de esas perlas verdes del centro de Madrid. Y eso que, curiosamente, no es ni mucho menos el parque más grande de la ciudad. Pero, claro, será eso de que los mejores perfumes se guardan en frascos pequeños, ¿no?.

Se realizó en 1839, por orden y deseo de la Duquesa de Osuna. Desde su origen hasta un siglo más tarde, el jardín sería una más de las delicias de Madrid. Sin embargo, con el estallido de la Guerra Civil, queda en desuso, y no sería hasta 1974, cuando el Ayuntamiento de Madrid lo adecentara para poder volver a abrirlo al público en general.

Si tenéis la suerte de recorrerlo, os daréis cuenta que su nombre le viene como anillo al dedo. El recinto es un pequeño capricho de Madrid, un parque al que vienen muchas parejas de novios a hacerse el reportaje de bodas. Su laberinto de arbustos, el pequeño embarcadero, el estanque, la Plaza del Capricho, el Casino, el Jardín de las Flores… cualquiera de estos rincones son precisamente una joya, un pequeño capricho.

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La Puerta del Sol

Aunque sólo sea por televisión, con las tradicionales campanadas de Fin de Año, la Puerta del Sol tal vez sea uno de los lugares más visitados por todos. Es ver por primera vez la silueta del edificio del clásico reloj de las doce uvas, y a todos se nos viene a la mente esos momentos pasados en familia delante del televisor cada 31 de diciembre.

Pero, claro, la Puerta del Sol es mucho más que el lugar de celebración de Fin de Año de miles de madrileños. La Puerta del Sol se podría decir que es lugar de encuentro. Los meses que estuve viviendo en Madrid me daba cuenta que eran muchos los que quedaban en este lugar para luego salir por Madrid. Era curioso observar desde el balcón al chico o a la chica esperando, a los grupos de amigos que se congregaban poco a poco…

Lo que se deduce que esta plaza está siempre muy animada. No sólo por los que quedan en la plaza, sino por el hecho de los que cruzan por ella. Pasear por el centro histórico de Madrid supone pasar en algún momento por la Puerta del Sol. Desde aquí coge cerca calles tan señeras como Preciados, Gran Vía, o rincones como la Plaza Mayor, el Barrio de las Letras o el Paseo de la Castellana.

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La Cava Baja

Pasear, lo que se dice pasear, no es lo que suelo hacer yo por la Cava Baja de Madrid, vaya. Se puede hacer perfectamente, claro, pero muchos de los que transitamos por esta zona de la capital a ciertas horas que el hambre aprieta estarán de acuerdo conmigo en la primera frase, ¿verdad?.

Porque esta calle tan señera del barrio de la Latina es uno de esos rincones recomendados para irnos de tapas por Madrid. Los domingos por la mañana, después de darnos la típica vueltecita por el Rastro, se antoja casi imprescindible. Así que no os vayáis tan pronto a vuestros hoteles en Madrid, que hoy comemos en la Cava Baja.

Para situarnos mejor, la Cava Baja se encuentra entre la Plaza de Puerta Cerrada y la Plaza del Humilladero. Calle histórica, por otra parte, de la que se cuentan muchas leyendas y chascarrillos. Pero, fundamentalmente, calle gastronómica ya desde el siglo XVII, cuando los mercaderes que venían de Castilla paraban por aquí en sus fondas y tabernas para reponer fuerzas, y quizás otros menesteres.

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Museo del Prado

Claro, y ahora llegamos nosotros y os queremos hablar del Museo del Prado, ¿no?. Uno de esos museos de los que ya tal vez se haya dicho todo. Que si fue la primera pinacoteca abierta en España, que si se inauguró en 1819 por Isabel de Braganza, la esposa de Fernando VII, que si fue ampliado en el 2007…

Sí, es difícil decir algo nuevo que nadie sepa aún de este museo de museos. Cuadros de todos los grandes artistas de la historia del arte cuelgan de sus paredes. Goya, Velázquez, Rubens, El Bosco, El Greco… cualquiera que os imaginéis anda por las salas y pasillos del Prado.

La colección permanente, porque, claro, también cuenta con exposiciones temporales, abarca obras de pintura española de los siglos XII al XIX, pintura flamenca de 1430 a 1700, pintura italiana de 1300 a 1800, pintura francesa de los siglos XVII y XVIII, pintura alemana de 1450 a 1800, pintura británica de los siglos XVIII y XIX, y una enorme colección de esculturas, dibujos, estampas decorativas, etc…

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Palacio Real

En una tremenda mañana de sol os puedo asegurar que la fachada prístina del Palacio Real de Madrid es algo que no olvidaréis. Aparecerá delante de vosotros en todo su esplendor, contagiándoos de su historia, su belleza y su enormidad. Porque estamos ante uno de los palacios reales más bellos de Europa, y tenemos el privilegio de tenerlo muy cerca.

Aunque su nombre sea precisamente el de Palacio Real, y todo el mundo piense a primera vista que es la residencia del rey, no es aquí donde viven los monarcas, sino en el Palacio de la Zarzuela. Este palacio ha quedado para las típicas ceremonias de Estado y, cómo no, para las visitas turísticas. Así lo recorremos más tranquilos, ¿verdad?.

Fue Felipe V quien, tras el terrible incendio que destruyó el antiguo palacio medieval, quiso construir uno nuevo. La pena fue que las obras no se concluyeron para que él las pudiera ver en vida. Quien se aprovechó del palacio fue Carlos III, quien en 1764 fue el primer rey que vivió en la nueva residencia.

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El Parque del Retiro

Es imposible que no os suene el Parque del Retiro, ¿verdad?. Imposible porque viene siendo uno de los principales parques de Madrid desde el siglo XVII. Lo que en un principio fue el parque de los aristócratas y la alta cuna madrileña, hoy en día es uno de esos lugares especiales que tenéis para pasear y disfrutar en la ciudad.

Fuentes, estatuas, estanques, arboledas… incluso un museo y hasta salas de exposiciones. No soy yo de los que precisamente va a un parque para visitar un museo, pero bueno… Prefiero pasear y pasear, asomarme a la balaustrada y ver cómo los jóvenes se divierten remando en el enorme estanque del Retiro.

Durante los meses de primavera y verano los madrileños y turistas se agolpan en el césped y las sombras de este parque. Sus 120 hectáreas de terreno aglutinan jardines como el de los Vivaces, los de Don Cecilio Rodríguez, el Jardín de la Rosaleda o el Parterre francés.

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La Gran Vía

Hasta hace bien poco cuando uno quería ir a ver los edificios y rascacielos más altos de Madrid se venía a la Gran Vía. Quién iba a decir que, teniendo en cuenta los últimos edificios que se han levantado en la capital, la Gran Vía se iba a quedar pequeñita, ¿verdad?. Sin embargo, viajar a Madrid y no daros el típico paseo por esta avenida…

Siempre que paseo por la Gran Vía tengo la sensación de que me pierdo algún detalle. Me gusta mirar a los turistas. No paran de hacer fotos, de mirar las tiendas y escaparates. Miran hacia arriba y hacia abajo, señalan cualquier detalle curioso de la arquitectura, se tapan los oídos por el intenso tráfico… La Gran Vía es parte de la vida de Madrid… pero qué parte…

Llena de cines y teatros, bares y restaurantes, creo que se podría pasar la vida cruzando la Gran Vía. Hace poco cumplía un siglo, y yo la encuentro cada vez más joven. Allí se pierde y se encuentra la gente, nos vamos de compras, de teatro, de cine…

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El Templo de Debod

Me gusta eso de tener un trocito de Egipto en Madrid. Un recuerdo milenario, que se embellece mucho más por los magníficos atardeceres que se viven desde el Templo de Debod. Cada tarde son muchos los turistas y lugareños que se acercan hasta aquí, atraídos por la costumbre, o por el relato de amigos, guías de viajes y demás.

Pero, ¿cómo que tenemos un antiguo templo egipcio en pleno corazón de Madrid?. Pues tuvo su origen en 1968, cuando Egipto le regaló a España, pieza a pieza, este templo, en agradecimiento por la ayuda recibida para salvar los templos de Nubia, como el de Abu Simbel, en peligro de desaparición al construirse la presa de Asuán.

Hoy podemos ver este templo de más de 2.200 años, enclavado en el Cuartel de la Montaña de Madrid. Su nombre le viene de estar dedicado a Amón de Debod y a Isis. Llegó a España, pieza a pieza, en 1970. Desembarcó en el puerto de Valencia, y desde allí se trasladó en camión hasta la capital de España.

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